Guía completa
Una queja frecuente, un diagnóstico que varía mucho
“Pierde aceite” es de las frases que más se repiten al otro lado del mostrador, y también de las menos concretas. El motor puede perder aceite por varios sitios a la vez o por uno solo bien localizado, y cada origen tiene su propia reparación y su propio coste: la junta del cárter, la junta de la tapa de balancines, el retén delantero o trasero del cigüeñal, el retén del árbol de levas, o incluso un tapón de cárter mal apretado. Por eso, antes de dar un precio, hace falta ver de dónde sale exactamente.
Dos formas de localizarla
Para fugas que ya se ven con claridad, basta con limpiar bien el motor, dejarlo circular y observar dónde reaparece el aceite — suele bastar un trayecto corto. El problema aparece con las fugas pequeñas, esas que gotean tan poco que el propio calor del motor las evapora antes de dejar rastro visible. Ahí recurrimos a un tinte fluorescente que se mezcla con el aceite: tras un recorrido de cien o doscientos kilómetros, una linterna ultravioleta hace brillar el punto exacto de salida, algo que a simple vista sería casi imposible de precisar.
De lo más barato a lo más caro
La tapa de balancines es la reparación más asequible del grupo: acceso sencillo, junta económica y poco tiempo de mano de obra. La junta de cárter va en un rango intermedio, porque exige desmontar la pieza, limpiar bien la superficie de apoyo y montar con el par correcto. El retén trasero del cigüeñal es, con diferencia, la intervención más cara: en la mayoría de los coches hay que sacar la caja de cambios para llegar hasta él, lo que multiplica las horas de taller aunque la pieza en sí sea barata.
Cuándo no se puede esperar
Una fuga lenta que se compensa rellenando de vez en cuando puede convivir con el coche unas semanas mientras se encuentra hueco para repararla. Hay dos situaciones en las que eso deja de ser cierto. La primera es cuando el aceite cae sobre una zona caliente del escape o cerca del turbo: ahí el riesgo ya no es solo mecánico. La segunda es cuando la fuga se dirige hacia el embrague o la caja: el disco de embrague empapado en aceite pierde agarre y patina, y entonces la reparación deja de ser solo del motor.
Por qué merece la pena diagnosticar bien
Cambiar una junta sin saber si es realmente el origen de la fuga es apostar. Hemos visto coches donde se había sustituido la junta de cárter y el aceite seguía saliendo, porque el problema real estaba en el retén delantero, a pocos centímetros de distancia. El diagnóstico previo — limpieza, prueba en carretera y, si hace falta, tinte UV — cuesta poco tiempo comparado con reparar dos veces la pieza equivocada.