Guía completa
Una ayuda que se nota cuando falla
Los sensores de aparcamiento se han convertido en uno de esos asistentes que casi nadie valora hasta que dejan de funcionar. Son útiles a diario en garajes estrechos y aparcamientos de superficie con poco margen, y su función es evitar esos pequeños golpes que después salen bastante más caros de reparar que el propio sensor.
Cuatro formas de fallar
El pitido constante al meter marcha atrás suele indicar un sensor que detecta un obstáculo que no existe, por avería interna o por un conector con problemas. El pitido solo al avanzar apunta a un sensor delantero activo a baja velocidad. El silencio total, sin avisar de nada aunque haya algo cerca, sugiere un fallo más amplio, del módulo o de varios sensores a la vez. Y el pitido irregular, que aparece y desaparece sin patrón claro, es la firma típica de un conector con humedad.
Lo que menos se piensa: el conector, no el sensor
Antes de cambiar un sensor, comprobamos con multímetro su resistencia y la continuidad del cableado hasta el módulo. En un número nada pequeño de casos, el sensor en sí está perfectamente y el problema real es el conector, que con el tiempo y la exposición a la humedad de la zona bajo el paragolpes acumula corrosión en los pines. Una limpieza con producto específico y grasa dieléctrica resuelve la avería por bastante menos que sustituir el sensor entero — y es de las primeras cosas que miramos precisamente porque es la reparación más barata si resulta ser eso.
Cuando el fallo viene de un taller de chapa
Otro origen frecuente: un cliente que ha tenido un golpe leve, ha reparado la chapa y pintura en otro sitio, y al recoger el coche los sensores ya no funcionan igual. Puede ser que hayan quedado mal orientados al recolocarlos —tienen que apuntar con un ángulo concreto— o que se haya aplicado pintura directamente sobre el cono ultrasónico, lo que interfiere con la señal. Según el caso, la solución va desde un simple reajuste de posición hasta la sustitución del sensor si ha quedado dañado.
Marcas con las que trabajamos
Usamos Valeo, Bosch o el sensor original del fabricante según el modelo. Evitamos los genéricos de baja calidad porque su frecuencia ultrasónica no siempre coincide con exactitud, y el módulo de control termina rechazándolos o dando lecturas erráticas de forma intermitente — justo el tipo de avería más difícil de localizar después.